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Niños que no saben sobrellevar problemas tienen peor calidad de vida

Los niños a los que un dolor de estómago los mortifica o que lo convierten en una “catástrofe” son más propensos a tener peor calidad de vida que aquellos con otra actitud frente a ese problema, pero los padres pueden ayudarlos a sobrellevarlo, según investigadores de Alemania.

El nuevo estudio halló también, para sorpresa de los investigadores, que los pacientes jóvenes con dolor estomacal crónico tenían peor calidad de vida que los niños con asma crónica, urticaria y hasta obesidad.

“Si los niños piensan que el dolor no parará, tendrán más problemas y estrés psicológico”, dijo la coautora del estudio, Claudia Calvano, de la Universidad de Potsdam, Alemania.

Los autores analizaron dos tipos de dolor estomacal: los que tienen una causa clínica o dolor orgánico y aquellos sin una causa evidente o dolor funcional.

El dolor estomacal funcional puede aparecer por una interacción entre el estrés, la alimentación, el ejercicio o los desafíos psicológicos, lo que complica su diagnóstico. El dolor estomacal orgánico es acompañado de síntomas claros, como los vómitos o la fiebre.

Cuando el equipo de Calvano analizó los datos de 170 niños y adolescentes de entre 8 y 18 años, halló que no saber sobrellevar el problema, y no el género, el nivel económico o el tipo de dolor abdominal, estaba directamente asociado con una peor calidad de vida, lo que coincide con estudios previos que habían demostrado que el diagnóstico no siempre ayuda a afrontar el dolor.

“La forma en la que los padres reaccionan en muy importante”, dijo Calvano.

Señaló que los padres no tienen que negar ese dolor y deben enseñarles a sus hijos estrategias saludables para afrontarlo. Por ejemplo, dejarlo faltar seguido a la escuela no ayuda a esos niños.

“El estrés puede aumentar el dolor”, indicó la autora y agregó que el nexo entre el estrés mental y el abdomen es muy sensible en los niños.

El equipo señaló la utilidad de la terapia cognitiva conductual (TCC) para aprender a afrontar el dolor. “Los padres deben participar en la terapia y conocer las estrategias que aprenden sus hijos para poder ayudarlos”, dijo Calvano.

 

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