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Me equivoqué de carrera, ¿qué hago?

Es bastante frecuente que un estudiante a medida que avanza en su carrera universitaria se formule algunas preguntas. “¿Ha sido correcta la elección? ¿Podré con todas las asignaturas? ¿Tendré el suficiente amor por la profesión?

Cuanto antes un estudiante se dé cuenta de lo que quiere, mucho mejor. Es importante hacerse estas preguntas y hacer lo posible para enfrentarse a las dudas sin perder tiempo ni posponer las posibles confusiones.

Acudir al consejero, si es que la Universidad dispone de uno o a gente de confianza que pueda dar su opinión, son opciones muy válidas y que ayudan a tomar una decisión”, sostiene la catedrática universitaria argentina Florencia Randazzo.

Adaptarse a la vida universitaria no es fácil. Muchos estudiantes comienzan con mucho temor la carrera y es altamente factible que tengan problemas con las asignaturas. Las malas calificaciones pueden hacer dudar con respecto a la habilidad o a la pasión que se sienta por la profesión elegida.

Sin embargo, hay que tener paciencia y darse un tiempo prudente para poder definir qué es exactamente lo que está ocurriendo. Nosotros como profesores vemos que muchos alumnos renuncian al primer fracaso que tienen lo cual no es lógico.

Hay que ser tolerante con uno mismo, estudiar, esforzarse y los resultados llegarán. Ahora, si realmente se advierte que la carrera no cubre las expectativas, lo mejor es reflexionar hasta tomar una resolución”, argumenta la catedrática argentina.

Nunca es tarde para dedicarse a lo que cada uno prefiere. Hoy en día, estudiar es un privilegio. Lo que puedo aconsejar según mi experiencia es que los jóvenes realicen antes de embarcarse en la aventura de la Universidad, un examen de orientación vocacional.

Son muy útiles para determinar las preferencias y las habilidades que cada individuo tiene y así comenzar con más seguridad este largo camino de sacrificio y estudio. Los jóvenes deben escuchar a sus padres y barajar diferentes opciones sin cegarse ni querer establecer como única opinión válida la de ellos”, destaca la profesional.

Si ya se ha tomado la decisión de dejar el estudio, lo indicado es analizar en profundidad qué es aquello que realmente interesa. Lo peligroso no es darse cuenta tarde o temprano de que se ha estado estudiando una carrera que no nos completa, sino no saber qué es aquello que nos motiva ni ilusiona”, explica la profesora.

Si se ha finalizado la carrera, tampoco hay que ser tan radical con los pensamientos. Algo habrá de lo que hemos estudiado que nos gusta y que se pueda complementar  con algún curso que se adapte un poco más a lo que queremos y a la hora de buscar empleo se pueden mencionar todas las habilidades adquiridas.

Lo indicado en estos casos cuando ya tenemos el título debajo del brazo es combinarlo con otra cosa, pero no desperdiciar tantos años de estudio y sacrificio”, opina Randazzo.

Si en la Universidad se están teniendo problemas con determinadas materias, “hay que poder distinguir entre una asignatura compleja y una asignatura que no nos interesa ni estimula. Podemos tener la facilidad, pero si ya de adulto no sentimos motivación, será muy complejo sacarla adelante.

En estos casos se puede ver realmente la predisposición y la pasión de la persona frente a la carrera elegida. Por más difícil que sea la materia, un estudiante la puede sacar adelante si siente que es su vocación.

En caso contrario, si la asignatura se arrastra durante años y no somos capaces de rendirla bien o ni siquiera nos presentamos a los parciales o finales, ya tendremos más claro el por qué nos ocurre”, recomienda la catedrática.

Consultar con un consejero (en las Universidades suele haber siempre un departamento que se encarga de asistir al alumnado cuando está en problemas) lo que está ocurriendo para encontrar un apoyo y una opinión que pueda brindar luz al conflicto.

Los padres juegan un papel fundamental. “Es importante que ellos hablen con los hijos y estén atentos a sus comportamientos. Deben poder ver si demuestran alegría, ilusión al ir a la Universidad y detectar si hablan de las asignaturas con emoción o con desgano. También es conveniente que estén al tanto de las calificaciones y que puedan dialogar con total apertura de lo que ocurre”, finaliza diciendo la especialista.

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