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Lucha contra VIH requiere apoyo de otras ramas de la medicina

Gracias a los avances de la ciencia, las personas con VIH que tienen acceso a medicamentos logran controlar el virus pero no otros padecimientos, sobre todo aquellos derivados de la prolongación de su vida como el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, explicó Steven Deeks durante la sesión plenaria “Las consecuencias a largo plazo de vivir con VIH: comorbilidades y envejecimiento” de la conferencia “¿Qué necesitamos hacer para lograr un mundo libre de sida?”

De acuerdo con el investigador de la Universidad de California en San Francisco, por 25 años se ha buscado inhibir la replicación del virus y prevenir el sida, es decir prolongar la vida, con el resultado de que la gente se siente mejor y hay una ausencia notable de enfermedades asociadas al sida, pero con la consecuencia de que se presentan males de riñón, hígado y del sistema cardiovascular, entre otros.

Dijo que actualmente una persona que comienza a tomar medicamentos antirretrovirales durante su juventud, puede vivir hasta 50 años sin ningún problema derivado por la presencia del virus en su organismo.

Por esta razón, el recientemente sustentado en un ensayo publicado en la revista The Lancet, señaló que se debe tomar en cuenta que el tratamiento antirretroviral no restaura del todo el sistema inmunológico pues se presentan inflamaciones asociadas a complicaciones por inmunodeficiencia que pueden derivar en enfermedades cardiovasculares y cáncer, e incluso en la persistencia de algunas reservas del virus en el organismo del individuo.

El titular de la clínica de VIH del Hospital General de San Francisco, indicó que los efectos tóxicos de los medicamentos por su toma prolongada pueden derivar en anomalías en el metabolismo de las personas y dañar algunos órganos.

Añadió que se han presentado muchos casos de fragilidad en este tipo de pacientes, un síndrome que causa pérdida de peso, disminución en la velocidad para caminar, fatiga excesiva, debilidad muscular y reducción de la actividad física, del cual se busca su interrelación fisiológica con el virus.

Para David Clifford, profesor de Neurofarmacología de la Universidad de Washington en San Luis, la salud neurocognitiva de las personas con VIH es muy importante ya que no se debe olvidar que si bien el virus tiene un efecto directo en el sistema inmune, hay evidencia científica de que tiene algunos efectos en el sistema nervioso, incluido el cerebro, la médula espinal y el sistema nervioso periférico.

El también líder del Consorcio Neurológico de Investigación en Sida refirió que hay pruebas de que cuando no se suministran medicamentos antirretrovirales, se presentan infecciones neurológicas oportunistas como la criptocosis meningea, la meningitis tuberculosa y la encefalitis toxoplásmica, entre otras, las cuales desaparecen una vez que se empiezan a tomar medicamentos, al igual que posibles neuropatías periféricas (dolor y hormigueo constantes), mismas que desaparecen si se toman antirretrovirales no neurotóxicos.

Sin embargo, agregó también existe una demencia asociada al virus caracterizada por la pérdida de atención y concentración, disminución de las habilidades motoras y cambios constantes en los estados de ánimo cuya aparente causa es la presencia del VIH en el cerebro que provoca cambios en la materia blanca y atrofia algunas regiones cerebrales que pueden causar, entre otras cosas, la muerte.

Por esta razón, Clifford indicó que el cuidado del cerebro debe ser parte de las estrategias del control y erradicación del VIH pues hoy en día que hay un “envejecimiento” de las personas con el virus, se debe analizar si presentan trastornos neurológicos propios de poblaciones de edades avanzadas.

Debido a la necesidad de ampliar los servicios de salud especializados para personas con VIH, Steven Deeks advirtió que es más fácil prevenir las posibles enfermedades derivadas de la edad que intentar revertirlas. Para esto, acotó, lo que se necesita es “hacerlo a tiempo” con el apoyo de otras especialidades de la medicina y campañas de promoción de un estilo de vida saludable mediante una dieta adecuada, la práctica de ejercicio y el cuidado de posibles factores de riesgo de comorbilidades.

Por último, para el cotitular de la Asociación Americana de Investigación Clínica, mientras no haya una cura para el VIH, los médicos requerirán de herramientas que les permitan atender las enfermedades crónico degenerativas de las personas con VIH y modificar las funciones de los centros especializados de salud en la materia a fin de ampliar su capacidad de atención.

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