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Finlandia el país menos corrupto

Desde hace varios años Finlandia ha sido internacionalmente reconocido como uno de los países menos corruptos en la tierra, y gran parte de este éxito radica en la estricta moralidad imperante en la nación. A pesar de ello, y para facilitar la transparencia, el país también tiene un conjunto de principios enfocados a evitar el abuso de poder y que resultan insólitos en la cultura mexicana. Esta es la forma en la que Finlandia lucha contra la corrupción.

En Finlandia, cualquier compra realizada por las Administraciones Públicas, desde un edificio entero hasta una pluma se debe realizar de acuerdo a los precios equivalentes de mercado y necesariamente incluirá tres ofertas de diferentes proveedores, de forma que se pueda elegir la menos costosas de ellas. Mientras que aquí, todo mundo quiere ser proveedor del gobierno y manipular precios de mercado, lugar que en muchas ocasiones queda “apartado” para los compadres y familiares de los altos mandos y sus empresas ficticias que les venden elefantes blancos a precios exorbitantes.

2. Principio de transparencia total de las Administraciones Públicas. Cualquier decisión tomada por un funcionario público en el ejercicio de su profesión, salvo las relacionadas con la seguridad puede ser conocida por el resto de los ciudadanos. Nadie puede negarse a satisfacer las necesidades de información no sólo de los periodistas sino de los votantes.

Principio de transparencia total en las cuentas de los ciudadanos. Los finlandeses pueden saber cuáles son los ingresos declarados de todos los residentes en el país, no importa si se trata de un desempleado recibiendo el seguro de desempleo, el artista más exitoso de la nación o el Presidente de la misma.

Ausencia de presidentes locales: el gobierno de los municipios en Finlandia es responsabilidad de los “City Managers”, es decir, de servidores públicos con experiencia en la gestión de entidades de esa clase. Por tanto, el ciudadano puede distinguir claramente que la persona a cargo es alguien subordinado a los votantes y puede ser despedido o reemplazado por el Consejo Municipal, el órgano electo en las urnas y que ostenta la soberanía popular. Helsinki es la única excepción a este modelo.

Ausencia de cargos de designación política: En Finlandia los Secretarios de Estado y los cargos de segundo orden son ocupados por servidores públicos de carrera que alcanzan el puesto superando pruebas objetivas en lugar de por una designación partitocrática. En 2005 realizaron una remodelación del sistema para permitir a las organizaciones políticas poder elegir a los Secretarios de Estado, sin embargo, muchos de ellos siguen siendo en la actualidad trabajadores públicos que llegan al cargo en base a los trabajos ofrecidos y por méritos propios. Mientras tanto, en cierto país por encima de la línea ecuatorial, cada seis años se rifan estos puestos a través de negociaciones y favores políticos, formado grupos de amigachos casi como Don Gato y su Pandilla.

Estructura de poder colegiada: la corrupción se extiende con mayor facilidad cuando el poder se concentra en un solo individuo, es por eso que Finlandia promueve la toma de decisiones a través del debate y el consenso. El Consejo de Ministros tiene mayor capacidad de poder que el presidente.

Principio de libre acceso al poder. La posibilidad de convertirse en un miembro de alto rango de administración y en los ministerios finlandeses no solo recae en una élite intelectual formada en ciertas instituciones educativas, o en personas que pueden atraer la inversión de diferentes “empresas” para sufragar sus campañas electorales, ni en los ciudadanos afiliados a las organizaciones políticas que se promueven por los méritos internos dentro de su organización. En Finlandia, los puestos son ocupados por funcionarios públicos, gracias a una mesa meritocrática, y cuya carrera está abierta a todos los finlandeses.

Principio de proporcionalidad en el castigo. La cuantía de las multas por violar las normas suele ser proporcional a los ingresos de los individuos y las empresas. En 2001 Anssi Vanjoki, un alto ejecutivo de Nokia, fue encontrado culpable de conducción temeraria cuando manejaba su Harley Davidson por encima del límite de velocidad y tuvo que pagar una multa equivalente a 80 mil dólares. Este principio de proporcionalidad en el castigo, junto con el estigma social de la posibilidad de estar involucrado en un caso de corrupción, resulta muy disuasivo frente a posibles intentos de cruzar el límite de la legalidad.

¡Todo un ejemplo a seguir! Pero muy muy lejos de este país.

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