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Exceso de sinceridad, ¿pecado laboral?

exceso de sinceridadEl trabajo es un ámbito a menudo muy tentador para expresar nuestros anhelos, éxitos, frustraciones, y angustias. Pero… ¿es conveniente hacerlo?

Existen personas que hablan sobre todo tipo de cuestiones personales con sus colegas, mientras que otros prefieren mantenerse con reserva y a veces intriga.

¿Cuál de estas actitudes es la más adecuada? A fin de cuentas, estos colegas del trabajo son la gente con quien pasa, por lo menos, ocho horas del día, durante cinco días a la semana.

De hecho, usted vive prácticamente con ellos, por lo que les dedica más tiempo a estos colegas que lo que lo hace con su propia familia. Y por cierto, si no habla nada de nada con ellos, puede sentirse un total ermitaño, así como algo trastornado durante gran parte del día.

¿Abierto o reservado?

Como sabemos, a lo largo de los años que se pasan en un empleo, se comparte una gran cantidad de almuerzos, y, cuando se trabaja horas extras, también cenas, junto a sus colegas. Muchos de ellos también asisten a sus celebraciones y lo van a visitar cuando está enfermo o luego de ser padre, por lo que ellos son en alguna medida otra familia.

Por cierto, eso no significa que nos alegre revelar todas nuestras cuitas tan pronto como nos suceden, al igual que puede suceder con nuestra familia. Tal vez esto tenga sentido por el hecho de no querer ser presionados a tomar ciertas decisiones, o simplemente por pudor.

Sin embargo, no menos real es que siempre existirán colegas muy cercanos, que sabemos que pueden mantener un secreto y en quien podríamos contar en todo momento. En otras palabras, podemos no confiar en todos, pero sí en algunos.

Pero en general, no existen muchas razones como para compartir información personal con todos los colegas. La seguridad personal es una de las grandes cuestiones, pues no se puede confiar ciegamente en los colegas para mantener un secreto, aunque también está el deseo de no querer tampoco cargar a sus colegas.

Con todo, existe gente alrededor, y todos nosotros conocemos a alguien como ellos, que no tendrán muchos reparos en hablar sobre usted. De hecho, más de una persona estará muy interesada en algo que cuenta, y asumirá automáticamente que no hay nada malo con decirle a los demás cualquier cosa que usted les confesó.

Incluso, estarán los maliciosos que piensen en causar un daño adrede, esparciendo información. Y para el momento en que usted averigüe que ha compartido su información con la persona equivocada, generalmente será demasiado tarde. Pero existen también otras razones para mantener su información personal fuera de su lugar de trabajo.

Exploremos estas razones.

No exponerse gratuitamente

Quienes conviven con perros, saben que un perro demostrará su sumisión ante los perros más dominantes exponiendo su vientre. De la misma forma, cuándo uno comparte información personal, especialmente información que da cuenta de sus debilidades, se puede estar exponiendo el vientre a los colegas.

Si su puesto en el trabajo le requiere exhibir fuerza y control, como podría ser en una posición de directorio, puede estar mostrando exactamente lo contrario compartiendo cierta información. En efecto, las decisiones e impresiones que se formen sobre nosotros en el trabajo, se utilizarán para razones diferentes de las que las usan nuestras familias y amigos.

Por ejemplo, una persona que podría ser considerada para un ascenso, se beneficiaría de tener una imagen de fuerza, buen juicio y excelente habilidades interpersonales.

En ese caso… ¿Cómo podría influir su reciente revelación hacia sus colegas de que se acaba de divorciar de su pareja alcohólica, que tiene temor por como encarará su vida y que está preocupado por los pagos de su casa?

Es lógico, frente a una situación como esta, que tal vez no podrá dormir, podrá temer estar deprimido, y necesitará el apoyo de sus amigos durante esos duros momentos.

Pero en esta situación, sería mejor una cita con un psicoterapeuta, o buscar en sus amigos y familia ese apoyo. Podrían también existir colegas del trabajo que sepan de esto, quizás, pero sólo si está seguro de que mantendrán los detalles en reserva.
En definitiva…

Como en cualquier orden de la vida, usted es el único que puede decidir qué, y cuánta, información querrá compartir con sus colegas. Al fin de cuentas, por más presiones o rumores que existan, la decisión siempre será responsabilidad suya, en última instancia. Y esto mismo sucederá con las consecuencias, ya que nadie lo puede obligar a hablar.

Si el hecho de abrir su vida personal no lo hace sentir incómodo, posiblemente sólo debería cuidarse de no perder mucho tiempo en el trabajo mientras lo hace, pues más allá de eso, no habrá ninguna separación entre su vida como trabajador y su vida real.

Esto puede estar bien para algunas personas, y de hecho, ser preferible para sus vidas, pues, en el caso contrario, se sentirían muy incómodos por exhibir una personalidad diferente en el trabajo de la que mantienen en su propia casa.

Con todo, siempre se deberá tener en cuenta cuales son los resultados de nuestras acciones, pues una vez que se abran las puertas de la intimidad, será muy difícil volver a cerrarlas. En cualquier caso, antes de decidir revelar su intimidad, tendrá que tener en cuenta este factor, es decir las probables consecuencias, y sobre todo en lo que respecta a cómo las mismas intervendrán en su vida estrictamente laboral.

Sobre los horarios y la vida personal

En días pasados, dado que mi automóvil estaba en el taller, Gabriel, el hijo menor de mi querido amigo Roberto, me condujo a mi casa.

Cuando le pregunté por su trabajo, me respondió: “Tranquilo, pero muy bien”. “¿Por qué tranquilo?”, le pregunté. Su respuesta me resultó muy interesante:

– “Porque allá se entra muy puntualmente, pero se debe salir también a la hora precisa. Si te quedas a trabajar más tiempo, tu jefe empieza a dudar de tu capacidad y ofrece quitarte trabajo.

El trabajo que se asigna es para realizarse dentro de las horas que debes permanecer en la oficina, y a la empresa le interesa que quienes trabajan ahí tengan una vida personal. Y esa vida personal empieza a las 6:30 de la tarde.”

Esto coincide con un programa de televisión que vi en días pasados. Era una reunión de expertos en relaciones laborales y la gran discusión eran los horarios de trabajo, que se han alterado en muchos países.

Uno de los expertos dijo que el trabajo no debería sustituir jamás a la vida personal del trabajador. Y explicó por qué.
La única posibilidad de encontrar el equilibrio necesario para que una persona sea sana en lo psicológico, emocional e intelectual, es que le dedique tanto tiempo a sus relaciones personales como a las laborales.

Las exigencias laborales –explicó– se han vuelto muy demandantes. Algunas empresas han obligado a sus empleados a posponer su vida personal para un futuro que nunca llega y, lo que es peor, a renunciar a ella para sustituirla con la vida laboral, lo cual es absurdo.

Entre muchas otras cosas, uno de los expertos señaló algunas de las cuestiones que deberían encender la alarma en cualquier institución o empresa, porque son síntomas de que algo anda mal:

a) exceso de reuniones, particularmente de aquellas en las cuales se discute mucho pero no se llega a nada concreto.

b) planes y proyectos muy bien elaborados que rara vez toman forma.

c) el premiar a quien permanece trabajando dos o tres horas después de la hora de salida. Según el experto, eso sólo puede suceder por tres razones:

1. Porque no le alcanza el tiempo (síntoma de ineficiencia o incapacidad por parte del trabajador).

2. Porque se le ha asignado más trabajo del que debe tener ese puesto (síntoma de ineficiencia de la empresa o de quien asigna el trabajo).

3. Porque hizo cosas ajenas al trabajo durante el tiempo de éste (deshonestidad del trabajador) y, por lo tanto, debe reponer tiempo perdido.

d) El que todos los ejecutivos o directivos deban estar siempre (a cualquier hora de cualquier día) disponibles, para lo cual se les obliga a cargar con un rastreador a donde vayan (celular, beeper, etc.).

e) El que se reciban mensajes electrónicos oficiales escritos a altas horas de la noche o en la madrugada y/o durante fines de semana (que debe estar dedicado a la vida familiar) y/o desde sitios vacacionales o de descanso.

e) El que entre los empleados o directivos de los niveles superiores haya un índice muy alto de divorcios.

f) El que los familiares (principalmente esposa e hijos) de los trabajadores se quejen del tiempo excesivo que éstos le dedican a la empresa.

g) El que el único tema de discusión o conversación en las reuniones donde coinciden varias personas de la misma empresa, esté relacionado con el trabajo.

h) El que los trabajadores descubran que ir al cine, teatro, ópera, conciertos, museos o centros de diversión se ha vuelto una actividad excepcional en su vida.

i) El que el trabajo se convierta en algo agobiante y genere más estrés que satisfacción en quien lo realiza.

· ¿Se reconoce usted en alguna o en varias de estas situaciones?

· ¿Reconoce a su pareja, a su jefe, a sus colegas?

· ¿Cree que el experto está equivocado?

· ¿Las considera exageraciones?

Por lo pronto, me encantó haber hablado con Gabriel y comprobar que ha descubierto la maravilla de tener estándares en los que el trabajo es uno de los elementos importantes en la vida de los seres humanos, pero no el único.

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