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Cuando se muere la ilusión de tener un hijo

Silvia era muy joven cuando perdió a su primer bebé, “faltaba muy poco para que naciera” nos comenta, “fue muy duro para mi esposo, para mí, para su hermanita…sientes que te queda un vacío que no se llena con nada, aunque tengas más hijos. La vida te cambia por completo, te cambia para siempre…”.

El 15 de octubre se conmemoró el día internacional de la pérdida prenatal. El tema de estas pérdidas -derivadas de una decisión personal o de una situación espontánea-, es un tema delicado desde el punto de vista de la experiencia emocional que se genera al interior de quien la vive, según lo explica la licenciada Teresa Zavala, especialista de TAD (THINK · ACTION · DEVELOPMENT) y psicoterapeuta del Instituto de Rehabilitación para la Mujer y la Familia A.C. (IRMA), institución que se encarga de acompañar y apoyar a todas aquellas personas que han sufrido este tipo de duelos. “Desgraciadamente, las pérdidas prenatales son un evento muy frecuente, algunos estudios nos dicen que 1 de cada 4 embarazos no llegan a término, por ejemplo.  Sobrevivir al dolor que esto provoca, sin importar la historia que haya detrás, suele ser un proceso complejo y distinto en cada persona”.

De acuerdo con la especialista, después de que el bebé muere la mamá se encuentra en un estado físico y emocional sumamente vulnerable; sus emociones no son manejadas ni enfrentadas de manera sana y se pueden llegar a manifestar en depresión, angustia, aislamiento, trastornos de la alimentación, del sueño, disfunciones sexuales o baja autoestima. “La mayoría de las personas podrían pensar que el hecho de que el bebé muera antes o al poco tiempo de haber nacido, produce menos dolor porque no hubo el tiempo <suficiente> de construir vínculos, pero no es así porque desde el momento que inicia la vida humana, la mujer recibe una cantidad de mensajes hormonales de su bebé y el vínculo madre-hijo comienza a construirse, de ahí que la herida que deja esta ausencia sea tan profunda, que tenga que trabajarse durante años”.

Perder un hijo puede ser la experiencia más dolorosa y traumática que pueda vivir una persona, “por eso es  importante que quienes estén atravesando por esta situación se atiendan oportunamente, que sane sus heridas en la medida de lo posible, que recuperen su vida y que no pierdan más de lo que ya han perdido”, concluye la especialista.

 

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