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Cómo evitar que la edad sea una traba para trabajar

edsad empleoHay un mito extendido en prácticamente toda la sociedad que indica que, a medida que pasan los años, el campo laboral se hace un lugar más y más agresivo; que cuanto más años se tiene, menos son las chances de realmente conseguir ese puesto para el que nos estamos presentando; de que a las compañías sólo les interesan los operarios y empleados jóvenes, recién salidos de la universidad con un promedio de diez; de que aún los compañeros de trabajo (mucho mas jóvenes) se oponen a trabajar con estas personas que -a una edad mayor, pero no por ello viejos- necesitan conseguir la admisión en un ambiente nuevo.

Por lo tanto, la transición entre un empleo en el que nos hemos establecido por un largo tiempo a una nueva situación laboral puede parecer imposible, por causa de los demás. Esto, sin embargo, no siempre tiene que ser tan así.

Primer obstáculo: nosotros mismos

Es cierto mucho de lo que se ha expuesto hasta aquí. Es cierto que a partir de cierta edad se hace más difícil conseguir un nuevo puesto en una nueva empresa, así como también es cierto que las compañías suelen buscar a gente joven (en parte porque es más fácil pagarles menos, al tener menos currículo y experiencia para convertir en sueldo). Además, la misma sociedad establece ventajas para éstos, mientras que tiende a relegar a quien trata de re-insertarse luego de pasado cierto tiempo.

Pero no es cierto que todo sea culpa de factores externos sobre los que no tenemos ningún o casi ningún control. Gran parte de la responsabilidad y gravedad de esta situación está en nosotros mismos.

Muchas veces, el buscador de empleo de edad “madura” construye barreras en sí mismo, paredes construidas a partir de la idea de que la gente “mayor” no es bien recibida en el sitio de trabajo. Por supuesto, esto no es más que un reflejo de lo que la sociedad nos dice continuamente, pero aún así es la primer gran traba con que nos encontramos en esta situación.

Entonces, lo que debemos hacer es, inmediatamente, luchar contra este pensamiento, impedir que la sociedad sea la determinante de nuestra actitud hacia nosotros mismos y nuestras posibilidades laborales.
Debemos demostrar (y demostrarnos) que tenemos mucho que ofrecer en el campo laboral. Hay grupos de ayuda que pueden colaborar con nosotros en esta búsqueda. En ellos, podremos aprender de otra gente que está pasando por la misma situación que nosotros o que, mejor aún, ya la ha pasado.

Es imperioso, además, identificar nuestras habilidades y las formas en que podemos utilizarlas, además de mejorarlas y actualizarlas tanto como sea posible. El campo laboral se mueve y, para insertarnos en él, debemos movernos nosotros también.
Cuando tenemos una entrevista laboral, es importante poder ofrecer nuestras habilidades e un modo adecuado a las técnicas laborales actuales. Después de todo, estamos vendiéndonos nosotros mismos en una entrevista, y nadie quiere comprar un modelo que ya tiene muchos años. Lo que sale es lo nuevo y actualizado.

Inclusive, las propias reglas del mercado laboral cambian, tanto en lo social como en lo legal, y debemos saber qué cambios se han producido desde nuestro último contacto con las mismas.

Luciendo joven

Una de las primeras ideas que probablemente pasarán por nuestra mente cuando entremos en esta situación y nos estemos preparando para la tan mentada “re-inserción” es que es necesario que luzcamos tan jóvenes como sea posible, porque así seremos aceptados más fácilmente.

Sin embargo, esto es una falacia.

Lo más importante es lucir bien. No joven o viejo, no lindo o feo, sino profesional, prolijo, elegante si se quiere, ordenado y bien presentado. Envejecer es una parte inevitable de la vida y debe ser aceptado como tal.
Es mucho más importante demostrar que estamos cómodos con esto a que parezca que estamos tratando de disimular nuestra edad de cualquier forma posible, en una negación casi enajenada.

Entonces, en vez de vestirnos y arreglarnos para lucir jóvenes, tratemos de descubrir qué tipo de vestimenta es aceptada en el lugar donde tenemos la entrevista, para vestirnos de acuerdo a los códigos que se manejan en la compañía.
Podemos, inclusive, chequear la recepción del edificio, para observar cómo se visten los empleados. Y sobre la base de esto podemos decidir si vestirnos formalmente o si un poco más de informalidad es aceptable.

Mantengamos una cosa en mente: si somos los únicos de traje, probablemente pareceremos más viejos. Por otro lado, usar jeans puede darnos un look juvenil, pero hacernos perder el trabajo por dar una sensación de total falta de profesionalismo.
O sea, es más importante lucir de la forma apropiada que tener un código de vestimenta establecido y respetado a rajatabla.

Nunca es tarde

Dejando de lado el punto de cómo vestirnos y cuán jóvenes queremos lucir, otra de las ideas firmemente establecidas en la cabeza de cualquier persona que se encuentra frente al desafío de buscar trabajo nuevamente después de un largo tiempo es la de que somos demasiado viejos como para poder aprender nuevos trucos.

Tigre viejo no cambia las manchas, y empleado viejo no aprende nuevas habilidades, podría ser el dicho que fundamente las ideas de muchos empleados desempleados.

Y es triste, porque, pese a que piensen que es muy tarde para empezar una nueva carrera o trabajar en un campo en el que nunca se han desempeñado, la verdad es que esto no es así.

Primero y principal, siempre se pueden aprender nuevas habilidades y el conocimiento es una de las pocas cosas que siempre puede crecer. Aún si hemos trabajado como escribanos toda la vida, eso no quiere decir que no podamos llegar a ser excelentes ingenieros. Los títulos no deberían definirnos como trabajadores, sino nuestras habilidades.

Y si uno hace una lista de las habilidades que ha ido adquiriendo a lo largo de la vida y estudios, y de las aportadas por los puestos que ha ocupado, se dará cuenta de que, por un lado, la lista es mucho más larga de lo que puede suponer y, por otro lado, estas viejas habilidades pueden ser aplicadas en nuevas áreas laborales, de las cuales, seguramente, suponíamos que no teníamos ni idea.

Yo sé más

Ahora bien, lo que no debe hacerse en la entrevista, bajo ninguna circunstancia, es dar ordenes y consejos bajo la idea de que uno sabe mucho más que el entrevistador.

Esto suele suceder porque la experiencia y los años en el campo laboral llevan a la persona a suponer que sabe mucho más que el que lo está entrevistando, quien suele ser más joven o puede aparecer como inexperto.

La experiencia puede tener esta contra: puede hacernos suponer que nosotros podríamos hacer un mejor trabajo que todos los demás, incluido nuestro contratante o posible empleador.
Debemos abrir la mente a la posibilidad de aprender de alguien menor que nosotros, ya que, al hacerlo así, dejamos de presentar la edad de la otra persona como un obstáculo, y nuestra propia edad pierde importancia.

Más adelante, si conseguimos el trabajo y las políticas de la compañía lo permiten, ya tendremos tiempo de dar consejos.

Del otro lado

Pero no todas las trabas para conseguir trabajo a esta edad se presentan de nuestro lado.
Las ideas socialmente determinadas son importantes y arraigadas también en los empleadores.
Así, podemos decir que es cierto que las empresas muchas veces no quieren contratar a alguien que pasa cierta edad. Por eso ahora comentaremos algunos de estos puntos negativos en la actitud del posible empleador, que realmente pueden hacernos la vida imposible.

No más de 60

Pese a que es discriminatorio y totalmente absurdo como idea y principio, se sabe que algunos empleadores se niegan a contratar gente de mas de cuarenta, cincuenta o sesenta años. Es cierto que la mayor parte de los empleadores no lo dirán directamente, sino de forma sutil y tácita. Sin embargo, algunos llegan a realmente a proferir este tipo de ideas.

Y lo peor es que esta situación puede parecer imposible de solucionar. Después de todo, no podemos dejar de tener más de sesenta, por más que nos maquillemos y nos vistamos con ropa “juvenil”. Una vez que entramos a la entrevista, no hay vuelta atrás.

Bien, lo más importante, entonces, es llegar a la entrevista. Para esto, podemos omitir en nuestro curriculum vitae algunas de nuestras ocupaciones más antiguas. Por supuesto, no aquellas que más se ajusten a las habilidades necesarias para el empleo al que nos estamos postulando.

Una vez que estamos en la entrevista, ya la edad no se puede disimular, pero podemos compensarla, demostrando que estamos calificados, somos enérgicos, que nos haremos cargo de la empresa y sus necesidades.

Una entrevista de trabajo no es un paseo por nuestra infancia ni una reunión social en la que hablar de nuestros hijos y nietos o recordar anécdotas de juventud. En una entrevista debemos demostrar que podemos ser útiles para la empresa y que somos los más idóneos para el empleo que queremos conseguir. Y para esto no hay edad.

Exceso de experiencia

Otro de los problemas generados por el empleador es la idea de que una persona con demasiada experiencia o más calificaciones de las requeridas no es una persona contratable.

La única forma de evitar esto es limitar nuestras habilidades y experiencias en el momento de la entrevista, evitando espantar al empleador con una interminable lista de sitios donde nos hemos desempeñado y de lo que hemos aprendido en cada uno, así como de todos los títulos y cursos que hemos acumulado con los años.

Debemos tratar de mantenernos simples, refiriéndonos principalmente a aquellas experiencias, títulos, cursos, etc. que mejor se adecuen a lo que necesitaremos para ser elegidos para el puesto, sin necesidad de hablar exhaustivamente de todo lo que sabemos.

Pero, atención, esto no significa que debemos vendernos más baratos de lo que realmente valemos.

Algunos empleadores suponen que contratar gente mayor es una ventaja, ya que le pueden pagar menos. Pero tenemos habilidades y experiencia, y nuestro sueldo debe reflejar esto y nada más. Nuestra edad no debe ser determinante a la hora de calcular nuestra paga. No nos regalemos por no sobrecalificar para el puesto, así como no debemos extendernos demasiado sobre estas calificaciones, para no espantar empleadores.

Cerca del retiro

Finalmente, la ultima y tal vez mayor contra que encontraremos en los empleadores a la hora de seleccionar una persona mayor para hacer el trabajo es la idea de que esta persona se puede retirar pronto, dejándolo en la situación de tener que salir a buscar un empleado nuevo otra vez, con las consiguientes complicaciones que esto acarrea (tiempo, trabajo, la necesidad de adaptarse a una persona nueva cuando apenas se terminaba de conocer al empleado anterior, etc.).

Para evitar esto, debemos forzar al entrevistador a que deje de pensar en nuestra edad, para que esto no sea un factor determinante. En realidad, este es el paso vital para solucionar toda las situaciones que hemos planteado hasta aquí.

¿Cómo hacerlo? Antes de la entrevista, debemos hacer nuestra tarea, aprendiendo todo lo posible sobre la compañía, su situación, técnicas laborales, etc.
Debemos poder describir nuestras habilidades y experiencia, pero no de cualquier forma, si no pudiendo relacionarlas con lo que estamos haciendo y con las necesidades de la compañía.

Debemos ser enérgicos y entusiastas, demostrando nuestra alegría ante la posibilidad de un nuevo reto laboral y la chance de crecer y desarrollarnos. Demostrar que le podemos ser más que útiles a la empresa. Esto es lo que cualquier empleador busca en un empleado.

Si logramos hacer esto, pronto dejarán de vernos como una edad y empezarán a vernos como un posible empleado.

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