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Alimentos genéticamente modificados, ¿saber o no saber?

Actualmente, en Washington se desarrolla una historia parecida a la de David y Goliat: se decidirá si tienes el derecho a saber qué contienen los alimentos que consumes. El resultado probablemente tendrá repercusiones a nivel nacional.

Está en juego la iniciativa I-522 que haría obligatorio etiquetar los alimentos modificados genéticamente. Esta iniciativa cuenta con el apoyo de un gran movimiento popular que incluye a agricultores, ganaderos, pescadores, empresarios y consumidores.

Al otro lado, tenemos a un puñado de grandes corporaciones como Monsanto, Dupont y Dow, que alimentan el debate alimentario al gastar millones de dólares para obstruir el derecho que la gente tiene de saber.

Para Ben y para mí es algo sencillo: el ser honesto con tus clientes es la base de un buen negocio. Las empresas deberían estar orgullosas de los ingredientes que usan y de los productos que venden, así como estar dispuestos a revelar su contenido.

Entre el 60 y el 70% de los alimentos procesados contienen ingredientes modificados genéticamente que fueron cultivados en un laboratorio, conocidos como OGM: organismos genéticamente modificados. Según una encuesta del diario estadounidense The New York Times publicada en julio, el 93% de los estadounidenses quieren que los alimentos que contienen OGM tengan etiquetas que lo indiquen.

El etiquetado de OGM ha sido considerado en casi 30 estados de EU. En Maine y Connecticut fueron aprobadas unas leyes que contemplan el etiquetado obligatorio de los OGM. Sin embargo, como el dinero manda en el sistema político, el pueblo es silenciado con demasiada frecuencia.

Según un análisis del sitio Maplight.org, una iniciativa similar fracasó en California el año pasado luego de que los opositores gastaran 46 millones de dólares (unos 598 millones de pesos), cinco veces más que los promotores de la iniciativa. En Washington, los partidarios del etiquetado recaudaron dinero gracias a más de 13,000 contribuyentes que en promedio donaron 25 dólares (unos 325 pesos) cada uno.

Por otro lado, la oposición recaudó dinero de diez donadores y el donativo promedio fue de 454,827 dólares (unos 5,912,751 pesos). Eso significa que la oposición gasta tres veces más que los ciudadanos que respaldan el etiquetado.

De aprobarse la I-522 en Washington, sería la primera legislación sin restricciones que establezca el etiquetado obligatorio. Eso es bueno. Se desarrollaría el impulso y se crearía el precedente para que se adopte en más estados y haya más protecciones federales. En otras palabras, sería otro gran triunfo para David.

Los habitantes de Washington tienen una gran oportunidad para votar a favor de la I-522 y cambiar la tendencia en las leyes sobre etiquetado. A largo plazo necesitamos igualar el campo de juego al reducir las sumas que las grandes corporaciones gastan para influir en las legislaciones y las elecciones.

Mientras me encontraba en Washington apoyando la campaña Yes on I-522, Ben viajó por todo el país con StampStampede.org, un movimiento popular que comprende a miles de personas que sellan billetes con la leyenda: “No debe usarse para sobornar políticos”, con el fin de apoyar el movimiento nacional #GetMoneyOut, que busca separar al dinero de la política. Hemos ganado impulso.

El uso de OGM en los alimentos es parecido al tema del dinero en la política. Cuando menos debería haber transparencia y rendición de cuentas.

Los ciudadanos merecemos saber qué ingredientes contienen sus alimentos y quién gasta dinero para influir sobre las leyes. En el mejor de los casos, deberíamos separar al dinero de la política, evitar que las grandes corporaciones influyan en nuestras leyes y reclamar nuestra república para “nosotros, el Pueblo”.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Ben Cohen y Jerry Greenfield.

Con información de CNN

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